La feria de mayo, según las crónicas de Francisco Luque Estrada –cronista de la villa durante algún tiempo-, comenzó a celebrase en 1944, cuando era alcalde de Puente Genil D. Rafael Reina Carvajal. Pretendía ser un enlace entre las de Córdoba y Écija. Era, fundamentalmente, una feria ganadera (así comenzó siendo la de agosto hasta su traslado, a principios de los años veinte del pasado siglo, a la Matallana). La desaparición de los animales de trabajo en el campo y de los de tracción en el transporte hizo que, poco a poco, fuera decayendo. Con la riada de 1963 se planteó su desaparición. El impulso de algunas personas y empresas patrocinadoras hicieron que se celebrara ese año por última vez.
Esta feria tuvo algún realce durante los años de posguerra en los que el entretenimiento no estaba al alcance de cualquiera como hoy día. Se aprovechaba el mercado de ganados para tener unos días de diversión. La caseta de baile de la comisión estaba en la plaza de Emilio Reina. También eran famosos por sus bailes y animación el Círculo Mercantil y Casino Liceo (hoy fusionados en el Casino Pontanés junto al Club Los Mosquitos). Según cuenta Luque Estrada en su obra Puente Genil 82 años de historia, la primera asociación cultural que puso caseta en esta feria fue la de Los Amigos del Teatro (en la plaza de Emilio Reina). Se iluminaban el puente, la calle D. Gonzalo, Contralmirante, Alcaide, Emilio Reina y Postigos. El mercado de ganados se instalaba en el Señor del Río. En el paseo ponían los “cacharritos”
Muestro el programa de festejos del último año de celebración, que patrocinaron Abinca y Fareina, dos firmas de la familia Reina que, por sus sucesores, siguen funcionando aunque con otros nombres. Con este documento podemos ver el tipo de celebraciones que tenían lugar y el gusto de la sociedad por las cosas sencillas.
ARCHIVOS PARA LA HISTORIA DE PUENTE GENIL
miércoles, 30 de mayo de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
OPTIMI OLEI EMPORIUM
Antiguamente, antes de que el regadío llenara nuestras campiñas de cultivos de verano, la denominada trilogía mediterránea –viña, cereal y olivar- era la que imperaba en el campo. Puente Genil destacó desde finales del siglo XIX por la calidad de los aceites, gracias a la labor, entre otros, de Emilio Reina Montilla. Era lógico esta dedicación especial al olivo, pues las tierras de labor de nuestro pequeño término municipal no podían competir con las feraces campiñas de Córdoba y sus alrededores, grandes productoras de cereal. En cuanto a vinos, si bien siempre ha habido en la Puente buenos caldos, la preponderancia de Montilla y Zapateros –que así se denominaba Moriles hasta 1912- era abrumadora. Por ello, con las innovaciones y el cambio de mentalidad que D. Emilio había traído a la zona, se creó un entramado de molinos aceiteros que dieron fama a estos pagos. Prueba de ello son los innumerables premios que en España y el extranjero obtuvieron nuestros aceites. Como botón de muestra, diremos que en julio de 1909 obtuvieron los de Morales y compañía el gran premio, hoja de honor y medalla de oro en la Exposición de Milán. La larguísima lista de premios hizo que la Asociación nacional de olivareros concediera a Puente Genil el título de OPTIMI OLEI EMPORIUM –El mejor emporio del aceite-. Este título, único en España, fue aprobado en la reunión de la Asociación de fecha 15 de octubre de 1935. El 3 de enero de 1936 fue comunicado al Ayuntamiento. El acto protocolario tuvo lugar el 10 de enero de 1936. Ese día se desplazaron a nuestro pueblo los miembros de la comisión de la Asociación Nacional de Olivareros. Tras visitar varios molinos –los de D. Manuel Reina Noguez, D. Agustín Espuny Fonollosa y Morales y compañía- se dirigieron al salón de plenos del ayuntamiento para hacer la entrega oficial del título.
La fotografía que mostramos, de gran valor histórico, inmortaliza ese momento. En ella podemos ver, entre otros, a D. Manuel Reina Noguez, D. Antonio Rodríguez Carrascosa –presidente de la Asociación-, D. Pedro Solís –secretario de la misma-, D. José Flor Carvajal –secretario del ayuntamiento-, y D. Antonio Romero Jiménez –alcalde de Puente Genil, situado en el centro de la foto-.
Puente Genil contó con este lema en su símbolo heráldico hasta 1985. En ese año, debido a la presión de pueblos cercanos que comenzaban el desarrollo de sus industrias oleícolas, se decidió retirar del escudo la inscripción. Un título ganado con todo merecimiento pasaba al olvido por culpa de unos políticos locales que no supieron ver que con ese gesto se estaba borrando de un plumazo una historia llena de esfuerzos, desvelos industriales y prestigio para nuestro pueblo.
En 2008, la nueva legislación autonómica obligó a que las entidades locales inscribieran sus escudos y logotipos de forma oficial para evitar duplicidades y errores. Así, el equipo de gobierno de esos momentos, con Manolo Baena a la cabeza, decidió que al inscribir el escudo de Puente Genil era de justicia que apareciera el viejo lema. Así se hizo y así consta. Según la Resolución de 12 de diciembre de 2008 de la Dirección General de Administración Local, se admite la inscripción en el Registro Andaluz de Entidades Locales del escudo y logotipo del municipio de Puente Genil (Córdoba), según el expediente número 025/2008/SIM.
Un final feliz para una historia que honra el esfuerzo de nuestros abuelos y que debería ser ejemplo para todos.
Agradecimientos: a mis hermanos Jesús María Ruiz García y Andrés Cejas Delgado. Ellos me han facilitado algunos de losd atos y documentos de este artículo.
domingo, 25 de marzo de 2012
LA SEMANA DE LOS SERMONES
Ya la cristiana canción
canta el pueblo con derroche,
y nos dice el corazón
que llegó la hermosa noche
del Domingo de Pasión.
Tarde del Domingo de Pasión. Una de las más nostálgicas del calendario sentimental de Puente Genil. Todavía resuenan en nuestros oídos los redobles de los tambores que el sábado por la noche fueron el ritmo que nos llevó en volandas hasta la ermita de Jesús. Hoy hemos asistido a la solemnísima Función, en la que Coro, oradores sagrados y pueblo se funden para rezar a Jesús Nazareno, el Patrón y “Amo de todas las Cargas”.
Pero no siempre los cultos cuaresmales a Jesús Nazareno, y a las demás cofradías, tuvieron la configuración actual. Hasta los cambios que trajo el Concilio Vaticano Segundo, la semana de Pasión, la que comenzaba tal día como hoy y terminaba lo que ahora llamamos “Sábado de Ramos”, era denominada la semana de los sermones.
Durante la Cuaresma cada cofradía o hermandad celebraba su quinario, septenario o novena. Y en esta semana final del tiempo cuaresmal se celebraba la función. Para tener una idea de cómo se configuraban estos cultos a lo largo de la semana, aquí dejo el anuncio de la sección religiosa de El Aviso en 1912. En la misma se pueden ver los cultos de cada día. En aquellos tiempos venían a ocupar la sagrada cátedra los mejores oradores de la Iglesia.
sábado, 17 de marzo de 2012
INDUSTRIA Y COMERCIO. SEMANA SANTA 1925
La revista Industria y Comercio tenía dos ediciones anuales: Semana Santa y Feria. Era una guía comercial que incluia en sus páginas distintos artículos y poemas de autores locales. En su edición de Semana Santa fue la precursora de la revista que edita todos los años la Agrupación de Cofradías.
Dejo colgada la edición de 1925, en un formato inusual que perduró hasta 1927 aproximadamente.
Dejo colgada la edición de 1925, en un formato inusual que perduró hasta 1927 aproximadamente.
Industria y comercio ssanta 1925
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jueves, 15 de marzo de 2012
VARIOS DOCUMENTOS CURIOSOS SOBRE NUESTRA SEMANA SANTA.
Durante estos días se celebra el quinario en honor del Señor de la Humildad. En nuestro tiempo la suya es una de las cofradías señeras de nuestra Semana Santa, tanto en número de hermanos como en devociones. Baste como botón de muestra la masiva afluencia que durante estos días hay en los cultos cuaresmales. La iglesia del Hospital rebosa de fieles y devotos que se acercan a los pies del Humilde a rezar.
Antiguamente era costumbre dar a cada hermano de las cofradías una “patente” que servía para acreditar que esa persona pertenecía a la hermandad. Aquí muestro una de ellas, de la del Señor de la Humildad, fechada en 1924 y que perteneció a Francisco Morales Delgado, propietario de la fábrica de aceites Santa Elena y de la banca Morales.
Como es lógico, nuestra Semana Santa ha pasado períodos de crisis, tiempos en los que un puñado de hermanos, llevados por el inmenso amor a la tradición y a las creencias más profundas han tirado del carro sin reparar en peligros, apuros económicos, amenazas o prohibiciones.
La época de la Segunda República fue aciaga para la religión católica. Aunque la Constitución de diciembre de 1931 asegura la libertad de culto, ésta se vio gravemente limitada por leyes como la de Congregaciones, de Defensa de la República, etc., que obligaban a autorización gubernamental para todo tipo de actividad religiosa de orden externo. Incluso se tuvo que pedir permiso gubernativo para reunirse a celebrar cabildo de las cofradías o para las juntas de los cuarteles. Estas autorizaciones se delegaban en el Alcalde. Aunque no es cierto que el gobierno republicano prohibiera taxativamente las procesiones, la autoridad, por razones de orden público, podía no autorizar este tipo de manifestaciones religiosas. Si a eso unimos un clima de animosidad y manifiesta inseguridad no controlada (incluso, desgraciadamente, alentada por ciertos sectores del gobierno sobre todo a partir de la victoria del Frente Popular en 1936), tenemos un panorama en el que las cofradías se vieron obligadas a no salir.
Como he dicho, en esos tiempos de adversidad siempre hay hermanos que mantienen el espíritu de la tradición, que, pese a las prohibiciones, mantienen viva la ilusión y la devoción. A esas personas debemos un homenaje. En estos documentos que me ha facilitado Gonzalo Reina podemos palpar el ambiente que se vivía en 1936, poco antes del estallido de la guerra civil. En ellos se puede observar cómo una cofradía (del Humilde en este caso) o corporación (Los Apóstoles) tenían que pedir autorización para llevar a cabo sus juntas.
Como colofón, teniendo en cuenta que también se celebran estos días los cultos en honor del Señor de la Columna, añado este documento firmado por Francisco de Paula Ortega Montilla. Este señor, cofrade de varias de las hermandades de la época, fue asesinado en julio de 1936 junto a su mujer (María Vergara) por defender sus creencias religiosas. Un triste e injusto final para una pareja que gastó la fortuna familiar en ayudar a los más desfavorecidos.
domingo, 11 de marzo de 2012
LA RIADA DEL DIECISIETE
Aunque estamos en Cuaresma, en este artículo me voy a referir a la riada del 17. No porque hayamos sufrido una, obviamente, sino porque he visto varias fotos de la misma colgadas en Internet que, lejos de ser documentos históricos útiles para enriquecer el conocimiento del pasado, se convierten en armas de confusión y dan lugar a equívocos. Los documentos que fundamentan este artículo son el especial de El Aviso que se publicó el 17 de marzo de 1917 y las fotografías y relatos aparecidos en las revistas Mundo Gráfico de 21 de marzo de 1917 y Nuevo Mundo de 23 de marzo de 1917.
Es de agradecer, pasado tanto tiempo, la labor de Borrego, fotógrafo pontanés de principios del siglo XX, que reflejó muchos sucesos y eventos de su época y cuyas fotos fueron publicadas en diversos medios gráficos de ese tiempo. Y qué decir de D. Baldomero Giménez. Nunca valoraremos su figura y obra en su justa medida. Ya en aquella época, haciendo balance de lo ocurrido, de las consecuencias económicas y la pérdida de vidas humanas, ese visionario filántropo (que soñó sesenta años antes de proyectarse Genil Cabra con poner en riego parte de nuestro término municipal, fue el artífice de que Puente Genil contara con central de teléfonos o alentó la incipiente carrera literaria de Juan Rejano) dijera en una de sus conclusiones: “Que se recabe del Ministerio de Fomento la ejecución inmediata de las obras de defensa contra posibles inundaciones ya concedidas y de otras que eviten o aminoren los terribles riesgos que amenazan continuamente a este pueblo, por su proximidad al Genil”. Hasta treinta y cinco años después no se iniciarían las obras de Cordobilla y hasta hace seis o siete las mal conclusas de encauzamiento y defensa contra las avenidas…
UN REPASO POR LAS RIADAS ANTERIORES.
La ocurrida el 7 de marzo de 1917 fue, según se recoge en los anales de nuestra historia local, la crecida del Genil mayor de que se tienen noticias. El agua llegó hasta casi mitad de la calle de la Plaza, ya que, según cuenta D. Baldomero Giménez en El Aviso citado: “A las seis de la tarde llegaba el agua en la calle de don Gonzalo a la puerta del Banco Español de Crédito y casa de los señores Morales y Compañía. Unos nueve metros sobre el nivel ordinario del río”.
Pero hay datadas avenidas de grandes dimensiones en fechas anteriores. Están recogidas en El libro de Puente Genil, de Aguilar y Cano. La primera de que se tiene noticas ocurrió el 2 de febrero de 1543. Fue tan grande que los habitantes de los pueblos ribereños hicieron fiestas de acción de gracias por haberse librado de morir ahogados. También las hubo en septiembre de 1589. Entre marzo y mayo de 1590 se produjeron cinco riadas y dos en 1595. Hasta 1618 no hubo ninguna que reseñar. Y en 1622 se produjo la que, según decían los contemporáneos, fue la más terrible de la historia.
Como se podrá comprobar, la memoria colectiva es frágil y siempre se repiten “la peor que se recuerda” o “la peor de la historia”…
Durante un largo período de tiempo no hay reseñada por Aguilar y Cano ninguna otra digna de mención. Pero el 5 de enero de 1684 hubo una tan grande que hundió uno de los arcos del puente y destruyó la acera de la izquierda de la calle de la Feria (ésta es la de la ermita del Señor del Río y era hasta entonces una especie de paseo con arboleda y casas en la parte que da al río). El 30 de enero de 1805 fue de tal magnitud que invadió todo el Barrio Bajo, destrozó muchas casas, ocasionó la caída del puente de sillares y destruyó los caminos de Miragenil y el de Granada. Hubo otras cuatro, también “las mayores vistas en la historia”: 1860, 1876, 1892 y 1895. Además, sin ningún tipo de referencia o base histórica, hace referencia Aguilar y Cano a otra que ocurrió en 1801 y que llegó hasta la puerta de la Purificación.
EL RELATO DE LA DE 1917.
Pero vayamos a los hechos. Esta riada fue inesperada –por calificarla de alguna forma-, ya que era cosa tomada como cierta desde tiempo inmemorial que al río Genil solo le hace desbordarse el deshielo de Sierra Nevada. Durante todo el 5 de marzo cayó abundante lluvia que hizo crecer las aguas, pero nadie sospechaba nada. Mas el vendaval de la tarde del 6 hizo produjo cierta preocupación que no llegó a calar en el vecindario, a pesar de que las señales y preludios eran muy similares a los de otras riadas. Así, la gente –especialmente los vecinos de las calles que siempre se ven afectadas por estas catástrofes- se fue a descansar tranquilamente. A la 1 de la madrugada del día 7, que perdurará en la memoria de todos los pontanenses, comenzó el río a presentar síntomas alarmantes. Los jefes de policía nocturno (D. José Ramos Flores) y diurno (D. Enrique Garat García), el jefe de los guardas rurales (Eduardo del Pino) y los serenos, se dedicaron a dar la alarma a los habitantes de las calles que corrían peligro inminente de inundación. A las 9 de la mañana el río alcanzaba cinco metros sobre su nivel habitual. Y fue subiendo hasta llegar a los 9 metros a las seis de la tarde. Hasta las 9 de la noche no comenzó el nivel a descender.
Una de las mayores preocupaciones, aparte de la posible pérdida de vidas humanas, era la de que se podía destruir el puente. Según parece y dicen las crónicas, era creencia general que cuando las aguas del río llegaran a tapar por completo los ojos del puente, éste se derrumbaría. Eso era lo que sus coetáneos habían oído decir a Leopoldo Lemoniez, ingeniero de feliz recuerdo que fue el que, en 1874, proyectó el arco volado de ladrillo (es el primer arco que tiene el puente en la dirección Barrio Bajo – Miragenil).
LAS PÉRDIDAS HUMANAS
He comentado que el vecindario, lejos de sentirse especialmente alarmado, se fue a descansar sin prever la tragedia. Cuando las fuerzas de orden avisaron de que debían evacuarse las calles cercanas al río, el matrimonio formado por Antonio Molina y Antonia Bedmar se negaron a marcharse de su casa, situada en el número 29 de la calle Jesús. Cuando las aguas cubrieron la zona, la vivienda, hecha de tapial y materiales muy sensibles a la humedad, fue cediendo hasta terminar derrumbándose con los dos ancianos dentro. Una situación que hoy nos parecería paradójica, pues hoy las autoridades no hubiesen permitido la situación. También es curioso cómo, tanto la prensa local como la nacional, dan a las víctimas el calificativo de “ancianos”, aun siendo personas de 60 años. Y es que la esperanza y calidad de vida de hace noventa años eran bastante diferentes a las actuales.
La revista Mundo Gráfico mostró una imagen de la casa:
Las casas de la calle Jesús que se derrumbaron por efecto de las aguas.
LAS PÉRDIDAS MATERIALES.
Dejo al lector el relato de El Aviso para que pueda valorar por sí mismo el alcance de lo que el agua se llevó
LA ODISEA DE UNA FAMILIA
CURIOSIDADES
Cuando el agua alcanzó la calle Delgado, fue desalojada la casa de D. Juan Delgado Bruzón (actual casa nº 2 de a calle citada y que fue restaurada y convertida en pisos hace cinco o seis años). Recordarán algunos lectores que hasta la citada reforma el edificio conservaba su estructura antigua con cuadras, patio de labranza, etc. En lo que hoy es la casa de la familia Villafranca Muñoz (esquina con la calle Jesús actual) estaba el molino de aceite. Sobre la edificación había una azotea. En ese lugar se refugió un caballo. Viendo uno de los trabajadores que el agua lo cubría todo y que el animal no tendría salvación, lo condujo a través de las estrechas escaleras de servicio hasta ese enclave elevado. Debido al pánico y al instinto de supervivencia, el équido no opuso resistencia a subir por tan estrecho camino. Mas hubo que recurrir a mil tretas para bajarlo por el mismo sitio, según contaba El Rubio Aires, hombre de confianza de Juan Delgado Bruzón. La imagen muestra las labores de bajado del caballo.
Azotea de la casa número 2 de la calle Delgado. En este lugar se halla actualmente la vivienda de la familia Villafranca Muñoz (Delgado, 6). Se puede ver, detrás a la derecha, la base de la chimenea de La Aurora).
COMO FINAL.
Aunque costó Dios y ayuda, Puente Genil salió adelante de esa catástrofe. Se recuperaron industrias, casas, calles, comercios… Incluso se habló de que el Rey iba a visitar el pueblo para ver la magnitud de lo ocurrido. Así estaba planeado, pues había de pasar por nuestra estación de camino a Málaga. Mas, según contó el propio D. Baldomero, sus asesores aconsejaron pasar de largo y evitar así el agravio comparativo que hubiese supuesto visitar este pueblo y no otros afectados como Iznájar o Écija. Hubo después dos riadas importantes: la de 1949 y la de 1963. Esta última supuso la ruina económica y social para Puente Genil. Se cerraron muchas fábricas para siempre -algunas tan emblemáticas como La Casualidad- y parte del Barrio Bajo quedó abandonado casi hasta hace una década, época en la que el boom de la construcción y el desarrollo económico puso en valor terrenos y solares que carecían de interés. Y, como decía al principio, hasta hace un año no se concluyeron –y de forma chapucera- las obras de defensa contra las avenidas del río.
Vista de las partes traseras de las casas de la calle Bailén, vistas desde el puente.
martes, 6 de marzo de 2012
UNA IMAGEN DEL VIERNES SANTO DE 1926.
Continuando con las imágenes en revistas y periódicos de pre guerra sobre nuestra Semana Santa, muestro esta plumilla de Ricardo Marín Llovet, ilustrador que colaboró en revistas como "El gato negro", "Hispania", "Madrid Cómico", "Blanco y negro", "La esfera" o "La ilustración hispano-americana".
Esta apareció en la revista Blanco y Negro en marzo de 1926. En marzo de 2010 fue la portada de El Pontón. En lo esencial, refleja el mismo ambiente del Viernes Santo de hoy día. Es señal de que hemos sabido mantener una tradición que goza de excelente salud.
viernes, 24 de febrero de 2012
UN MIÉRCOLES SANTO DE HACE OCHENTA Y TANTOS AÑOS
La Semana Santa de Puente Genil, por su especial y diferente modo de celebrarse, ha atraído a los más variopintos personajes del mundo de la cultura que buscaban un motivo de estudio (caso de Caro Baroja con la antropología o el anglo hindú Deben Bhattacharya con la saeta cuartelera), inspiración poética (Eroles) o, simplemente, el hecho diferenciador. Estas mismas razones han propiciado que nuestra Semana Santa “diera que hablar” y fuera protagonista de artículos periodísticos desde finales del siglo XIX. Hace algunos años, Santiago Reina publicó uno en el que recogía la narración que de nuestra Fiesta hacía Rodolfo Gil.
Sería una labor interesante poder recuperar cuantas publicaciones hay repartidas a lo largo y ancho de esos mundos de Dios sobre nuestra Semana Mayor. Por suerte, la aparición de Internet y la digitalización de las hemerotecas públicas nos han hecho un gran favor. Así, hoy día cualquiera puede acceder de forma rápida y gratuita a información que tan solo hace cinco años era casi imposible conseguir.
Rebuscando en esos archivos virtuales, encontré un interesante artículo aparecido en el diario El Imparcial, en 1928, en el que se relataba el Miércoles Santo de esa época, es decir, hace ochenta y cuatro años. Concretamente, la crónica está fechada el 5 de abril de 1928. Su autor es Sabino A. Micón, crítico de cine y director que, por aquellos años, escribía asiduamente en este y otros periódicos sus críticas cinematográficas. Atraído por la fama de nuestra Semana Santa llegó a Puente Genil un poco asustado por aquellas leyendas negras que siempre la rodearon (sobre todo en la época de pre guerra civil).
La lectura del artículo nos puede llevar a engaño en cuanto a los datos históricos y artísticos (dice que el Señor de la Humildad era obra de Martínez Montañés, mito que circuló durante mucho tiempo). También es curioso comprobar la disposición y número de las corporaciones que desfilaban junto a los pasos. Pero prefiero dejar al lector que disfrute de este relato en el que un curioso forastero encuentra lo que verdaderamente significa para el pontano su Semana Santa.
viernes, 23 de diciembre de 2011
CANCIÓN DE NOCHEBUENA
Llegados a estas fechas, y aunque estamos sin actividad debido a reformas en la estructura y seguridad del blog, quiero mandar una felicitación navideña en forma de poema. Para ello tomo prestados los versos de Manuel Reina. El 17 de diciembre de 1896 escribió el titulado El soldado a su madre (Canción de Nochebuena), que se publicó en Rayo de Sol (Poema) y otras composiciones y en la revista Blanco y Negro de 25 de diciembre de 1897.
Es precisamente esta última versión la que os dejo. Vino a mis manos con motivo de la celebración del centenario de la muerte de Reina, en 2005. Para esa efeméride preparamos una serie de actos culturales en los que se implicaron, además de nuestra revista El Pontón, Santiago Reina, Rafael Sánchez, Javier Velasco, Carlos Delgado y un grupo de amigos que colaboramos estrechamente con la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puente Genil. Una de las misiones encomendadas fue la de escanear una serie de láminas aparecidas en distintos periódicos y revistas de la época del poeta. Entre ellas estaba esta, que aparece ilustrada con un dibujo de Estevan que representa a un soldado escribiendo una carta a su madre. Seguramente, está inspirado en el ambiente de melancólica tristeza que rodeó esos años de guerras en Cuba y Filipinas.
A todos nuestros seguidores y amigos deseamos FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2012.
sábado, 10 de diciembre de 2011
REFORMAS EN EL BLOG
Queridos amigos y seguidores: próximamente volveremos a activar las entradas. Por ahora estamos haciendo reformas para que nuestros seguidores puedan tener acceso exclusivo y de calidad a la información que se cuelgue. Gracias por vuestra paciencia.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
ORO VIEJO EN OTOÑO I
Río soñando,
Membrillos en sazón.
Fin del verano
Azulejo de la fábrica de Rafael Rivas que se encuentra en la taberna Los Gabrieles, de la calle Echegaray, de Madrid. Es de los años 20 del siglo pasado.
(Foto cedia por El Pontón - Antonio Illanes Velasco)
A través de una serie de tres artículos haremos referencia a la trilogía que dio y sigue dando fama a Puente Genil: membrillo, vino (fino y pedro ximénez) y aceite de oliva virgen extra. Comenzamos en esta primera parte con el membrillo.
Sol y dulce, membrillo. Uva pasa y aceituna con sueños de oro. Fin del verano. Al llegar estas fechas todo parece tornarse color amarillo: las luces se vuelven ámbar, el río parece enlentecerse dorado por un sol de oro viejo, miles de frutos –cual navideño árbol de septiembre- adornan los membrillares. Los racimos esperan la llegada del vendimiador. La aceituna va tornando su verde cara al amarillo que será morado y negro al llegar el invierno. Con membrillo, vino y aceite (los tres del color del noble metal) se tiñe el blasón de nuestra tierra. Trilogía eterna que entre el fin del verano y el otoño llegan al mundo de los sentidos: olor, color, sabor, tacto y sonido. Olores múltiples a uva que se seca en las paseras, a membrillo que se cuece en las calderas. Sabor intenso y frutado de los primeros aceites, dulce del pedro ximénez y jalea. Tacto áspero de los membrillos, aterciopelado de las uvas, untuoso de las aceitunas. Sonidos de cantos de vendimiadoras, de risas de membrilleras, de algarabía en las besanas mientras cae la aceituna.
Se perdieron los tiempos en los que cientos de mujeres, con sus cuchillos y sus blancos delantales iban a casquear membrillos en bandadas que parecían de palomas. Atrás quedaron los cargadores que esperaban en el paseo del río la llegada de los camiones de azúcar. Se apagaron los blancos penachos de las ocres chimeneas. El progreso, las crisis económicas,… Fue casi el fin de una industria que pervive honrosamente en cuatro marcas de prestigio que siguen dando a nuestra localidad visos de internacionalidad: Góndola, Quijote, San Lorenzo y San Pascual. Pero, aunque el meritorio esfuerzo industrial y comercial ha hecho que estas industrias pervivan con gran pujanza, ese halo de romanticismo castizo que envolvía la campaña del membrillo se perdió. Ganamos en calidad y competencia, pero perdimos en sentimiento. Es el sino de los tiempos. Sólo es culpa de los cambios en los usos y costumbres de nuestra sociedad.
Antes de terminar este evocador comienzo, para pasar a hablar de los inicios de la industria local de la carne de membrillo, quiero dejar constancia del ambiente que he descrito copiando un artículo de la revista Mi Pueblo. Lo publicamos en El Pontón hace algunos años al llegar esta misma época del año. Lo transcribo tal como lo pusimos.
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Como nos encontramos en las fechas típicas de la elaboración de la carne de membrillo, traemos a esta sección un artículo publicado en la revista Mi Pueblo, del 13 de septiembre de 1959, por el recordado flamencólogo y cronista Luis Melgar Reina. Creemos que está cargado de recuerdos del pasado que traerán a la memoria de los más veteranos la nostalgia de unos tiempos distintos y a los más jóvenes nos darán a conocer un ambiente olvidado.
LA CAMPAÑA DEL MEMBRILLO.
Puente Genil es rico en acontecimientos. Su ambiente dinámicamente agradable nos ofrece constantes situaciones o aspectos populares que merecen la pena descubrir. Por ello al cronista no le es ardua su tarea. Al contrario, sencilla. Se limita a “retratar” la perspectiva local del momento, aunque, ¡eso sí!, la “foto” no salga, ni mucho menos, con la nitidez deseada.
Todos los años al llegar estas fechas un importante sector fabril, el más genuino, el más típico. se pone en pie e irrumpe imperiosamente en el acontecer diario de la villa. Es la campaña del membrillo.
Hasta finales de noviembre que es su duración, una veintena de fábricas, mucho más modernas y con mayor capacidad de producción que las que conocieron nuestros paisanos que lleven fuera de nuestro pueblo veinte o veinticinco años, se ponen en acelerado movimiento y encienden sus altas chimeneas para la transformación del rico fruto en carne de membrillo y jalea. La movilización general de elementos de todo orden que acompaña la “entrada triunfal” de las máquinas es enorme y ese bullir tiene su lógica repercusión en el ambiente local que vive en estos meses en un agitado movimiento, que atrae la atención de propios y extraños.
Movimiento de dinero, de jornales, de empleo de personal, sobre todo femenino, de cientos y cientos de camiones de gran tonelaje que día y noche entran y salen, cargados, desde lejanas tierras, de millones de kilos de fruta que se convertirán en el exquisito dulce de membrillo, con que Puente Genil ha adquirido fama universal. Todo es intensa y febril actividad en estos meses.
Muchísimas obreras que aquí llamamos “membrilleras” encuentran colocación y dan una nota de colorido en las calles, cuando el rugiente sonido de las sirenas señala la hora del almuerzo. Salen en pandillas, tocadas con sus graciosas cofias y generalmente con el cuchillo mondador en la mano. La mayoría guapas de verdad y siempre van con jolgorio y risas. Nunca hemos sabido por qué llevan el cuchillo y no lo dejan en la fábrica. ¡Cualquiera se mete con ellas…!
Los mozos de carga y descarga son otro número de este singular espectáculo. Se sitúan en pequeños corrillos estratégicamente donde tienen su entrada los “gigantes del asfalto” que vienen cargados de membrillos, y unos a las órdenes del popular Retornos y otros por su cuenta, se avanza a un “Leyland” de diez mil kilos y en un santiamén lo dejan a cero. Mientras, los conductores y ayudantes del vehículo se sacuden esta calorcilla pegajosa de la época, bebiendo en algún bar cercano refrescantes de todas clases, sin regateo alguno. Casi siempre, para aprovechar el retorno, llenan otra vez el camión, pero… ¡de carne de membrillo! El transporte pesado sale raudo a su destino y estos mozos de carga quedan repartiéndose su comisión a la “luz” de unas copitas, pero sin descuidar el acecho del próximo camión.
Y no digamos nada de la caravana de camiones que entran cargados de azúcar. La carne de membrillo es esto. Mitad azúcar, mitad membrillo. El punto que ha de llevar es el secreto que los veteranos maestros del oficio guardan como preciada joya. No en balde va su pan de cada día en ello.
La cosecha de este año por aquí es muy buena. Los hortelanos dan viajes y más viajes de membrillos en sus carritos o sus borriquillos cargados hasta las orejas. Ellos mismos descargan sus mercancías en la fábrica y se traen el “vale” de vuelta, camino de otro viaje.
A ciertas horas las puertas de las fábricas son un atasco de vehículos, borriquillos, carrillos de mano que retiran las cáscaras destinadas a piensos, o las pepitas y un curioso “hormigueo” de personas a su alrededor. Todos esperan algo. Unos el vale, otros descargar, algunos cobrar una factura, un viajante que llega negociar con el fabricante… Interminable.
El trajín. Y la campaña del membrillo en Puente Genil da mucho trabajo y mucho dinero. ¡Alegrémonos todos!
Creemos que nuestro pueblo debe su fama principalmente al membrillo. Un membrillo debía figurar en su blasón. Aunque Puente Genil ostente con legítimo orgullo el bien ganado título “Optimi olei emporium”, somos más conocidos por el membrillo.
Si vamos de excursión y se enteran que somos de aquí, enseguida: “-Aquí están los del membrillo-“. Cuando nuestros futbolistas saltan a un campo extraño les gritan “-¡membrillos, membrillos!-“ y si ganamos “-¿Cómo no, si habéis comido carne membrillo!-“
Recuerdo que en Valladolid una señora me preguntó de dónde era yo. –De Puente Genil-, le dije. -¡Oh, si es usted del pueblo de la carne de membrillo!- Y añadió: -¿Sabe que a mi me gusta mucho? Mire donde tengo una lata-.
Y estas alusiones, al contrario de lo que muchos creen, enaltecen. Qué pena del pueblo que no sea conocido. Es que no tiene nada de qué presumir, porque a los pueblos, lo mismo que a las mujeres, les gusta coquetear.
Y este es el prodigio de la laboriosidad de un pueblo. De un pueblo que produce, fabrica y exporta el mejor membrillo del mundo. De nuestro Puente Genil querido.
La industria de la carne de membrillo y la jalea se inicia en la segunda mitad del siglo XIX. Para saber más y ahorrar letras, recomendaría la lectura de El Libro de Puente Genil -de Aguilar y Cano- en el que se relata todo lo concerniente al tema. Como sé que muchos de los lectores –desgraciadamente- no poseen esa magnífica obra, creo que lo más adecuado es ofrecer escaneadas las páginas 415 a 418. En ellas se relata, entre otros detalles, la forma de fabricar ambos dulces.
Como se habrá podido leer en estas páginas de Aguilar y Cano, la elaboración de la carne membrillo a finales del siglo XIX era, básicamente, muy parecida a la actual. Lo que han cambiado -tanto en tecnología como en aspectos sanitarios- han sido las fábricas, lógicamente. No entra en el objetivo de este artículo describir cómo son las modernas industrias. Pero sí dejar reflejado cómo eran las antiguas. Para ello cuelgo el reportaje aparecido en la revista Nuevo Mundo, en su edición del jueves 29 de noviembre de 1906. La lejanía del tiempo hace casi imposible reconocer a los personajes que aparecen, y más teniendo en cuenta que el periodista da pocos detalles de la ubicación y propietario de la fábrica. No obstante, si algún lector reconoce a algún familiar en ellas, sería de utilidad que lo dijera. Destaco que también hace referencia a la forma de fabricar los dos productos.
Y para finalizar, describo cómo se hace la carne membrillo casera en la actualidad, según la receta que aparece en la revista El Pontón de septiembre de 2003 y que nos facilitó Inmaculada Ruiz García. Como se ve, poco han variado las formas. Ojalá perduren por siempre.
Nota: la bibliografía pra la elaboración de este artículo es la que se ha ido detallando a lo largo del mismo.
sábado, 3 de septiembre de 2011
NORIAS, SALTOS Y OTROS APROVECHAMIENTOS DEL GENIL
A mis amigos Francisco Reina Luque y Manolo Sebastianes, que luchan por hacer del Genil un trocito de gloria.
Ven, niña, a la ribera
Del plácido Genil,
Donde la primavera
Despierta flores mil
Y en plácidos rumores
De mi guitarra al son
Oirás que canta amores
Mi pobre corazón.
Con estos versos describía Miguel Romero Carmona nuestro valle del Genil. Un lugar tranquilo e idílico. El canto de las norias, el esplendor artístico generado por la luz eléctrica y reflejado en las lámparas del Teatro Circo, lo sueños de Manuel Reina, los anhelos de Rejano, las imágenes infantiles de Molina, … ¡tantos y tantos versos, cantos y notas ha provocado ese bucólico verdor, ese canto silente del agua!
Con el permiso del río, claro está, que a lo largo de los siglos “presentó sus escrituras” –como llamamos en el campo a la tierra que se lleva éste en sus avenidas- cada vez que hizo falta. Pero no voy a hablar de riadas, que tiempo y espacio habrá, sino del aprovechamiento hidráulico de nuestra arteria litoral. Porque para convertir las riberas en este poético e inigualable oasis de verdor hace falta el agua de riego.
Desde los primeros asentamientos en nuestra zona, el uso y disfrute del río ha sido fundamental en el desarrollo urbano, social, agrícola e industrial de Puente Genil. No hay nada más que recordar que las norias árabes, las azudas, los canales y desvíos y, más modernamente, las bombas de riego, han sido el elemento que ha movilizado todo el entramado que históricamente conocemos de productos agrícolas, harinas, luz eléctrica, industria, modernización, etc.
Todos poseemos fotografías impresas o digitales de las riberas, de las norias, de la Alianza, etc. Todos hemos oído hablar –los más viejos lo guardan aún en sus sentidos- del canto de las norias, de la fuerza del agua en unos tiempos en los que la energía no estaba tan a mano como hoy día. Con los adelantos de la técnica, una a una fueron cayendo aquellas viejas y románticas ruedas de metal o madera, con sus cangilones, zapatas, tabaques, añeclines, andarajes,… Bueno será que, aunque sea digitalmente, hagamos un pequeño homenaje a aquellos ingenios que dieron riqueza a nuestra tierra.
Por eso, al rebuscar en mi biblioteca, no he podido resistirme a sacar unas copias a unos documentos interesantísimos que hacen referencia a los aprovechamientos hidráulicos del Genil. Me refiero al documento que, en 1935, publicó la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y que tituló Estadística de los aprovechamientos hidráulicos existentes en la actualidad en el río Genil. El libro, que me regaló mi querido amigo el anticuario Enrique Bedmar López, es una cuidada edición en la que, creo que por primera vez, se catalogan de forma seria y técnica los aprovechamientos (tomas de agua) que, desde Sierra Nevada hasta Palma del Río, poseía el río. Es un tratado extenso del que, lógicamente, sólo voy a colgar lo que nos interesa: lo correspondiente a nuestro término municipal.
Desde la desembocadura del Anzur hasta la del arroyo Tíscar, el Genil recorre el término municipal de Puente Genil de sureste a noroeste, en una longitud de más de 20 km. A lo largo de este caminar había, en la época en que se hizo el estudio, 17 norias, 2 centrales eléctricas y 2 tomas para usos urbanos y de transportes y 3 bombas eléctricas para uso agrícola. Las mismas eran:
NORIAS (DESDE EL SURESTE AL NOROESTE)
Entre paréntesis se indica la margen del río, en el sentido de avance de las aguas
Perdiguero (i).
Majada Vieja (d).
Cordobilla (d).
Sotogordo (i).
Rinconcillo (i).
Piedra de Yeso (d).
El Ñorito (i).
La Carraca (i).
Huerta del Soto – Ribera de Aranda (d) + (i).
Escarrachela (i).
El Cuerno (i).
El Cano (i).
Portalegre (d).
La Bella (i).
La Pina (i).
La Camacha (i).
El Rabanal (d).
NORIA DE LA PIEDRA DE YESO
NORIA DE EL RABANAL,QUE TODAVÍA RESISTE EL PASO DEL TIEMPO Y EL AGUA.
NORIA EN LA ISLA DEL OBISPO APRINCIPIOS DEL SIGLO XX, SUSTITUIDA POR UNA BOMBA AÑOS DESPUÉS
.
CENTRALES ELÉCTRICAS
La Alianza (también molino harinero)
Nuestra Señora del Carmen (Salto de Los Rapetas o Salto Baena)
AZUDA DE LA ALIANZA, EN TIEMPOS DE SU CONSTRUCCIÓN. EL SEÑOR QUE PODEMOS VER EN PRIMER TÉRMINO ES D. RICARDO MORENO ORTEGA (SEGÚN NOS CONTÓ SU NIETA, MARÍA JESÚS REINA)
MOLINOS HARINEROS
La Alianza.
Molino del Manchego.
FOTOGRAFÍA DE LA ALIANZA ANTES DE LA CONSTRUCCIÓN DE LOS CUERPOS ANEJOS
(OBSÉRVESE QUE HAY DOS "LADRONAS")
USOS URBANOS Y DE TRANSPORTES
Toma Ferrocarriles Andaluces.
Toma Ayuntamiento de Puente Genil en Isla del Obispo.
BOMBAS PARA USO AGRÍCOLA
Islas del Verdugo.
La Alianza (2).
Para terminar, y como homenaje a los que desde tiempos inmemoriales tuvieron en el río su modus vivendi, transcribo un trozo de una entrevista que Miguel Jiménez hizo a Rafael González Romero, El Brevo, que fue el último constructor y reparador de norias. Apareció en El Pontón nº 5, de 29 de agosto de 1986.
<< La noria árabe que aquí se usaba consta de innumerables piezas que sería muy prolijo describir. A grandes rasgos se podrían enumerar algunas de ellas. El eje era un tronco de encina hacheado con hacha de pie y calados para las zapatas, las cuales había que reponer todos los años. En esas escopladuras iban alojadas las madres, que eran de pino de Flandes para evitar el viciado. Sobre el eje también descansaban los puntales, los platos y las brazas, y acoplando todos estos elementos estaban los tabaques, que cumplían la misión de arriostrar la noria. Los cinteos, que se hacían de pino gallego, afianzaban las puntas de las madres y las medianas. Los motillos actuaban de separadores entre las madres. El álabe era el tablero de presa que hacía andar la noria cuando corría poco agua, sustituyendo a los volaores. El embarazón era la rueda con dos orificios a la que iba atado con soga el cangilón de cerámica. La cesta era la estructura para recoger el agua, compuesta a su vez por el andaraje, el manzanillo, la alcantarilla y el añeclín. La base de la armadura integraba la canal, con el tablerillo, el tablero y el pescante que servía para regular el caudal mediante una soga. También había otros artilugios en la base como los pies, sobrepiés, la puente y la colchona, todos ellos entibados por los judíos y las entibas. Después de la noria propiamente dicha había que contar con la torre de agua, la mangueta y las canales…>>
RAFAEL GONZÁLEZ ROMERO "EL BREVO", MANUEL RÍOS "SIETE MACHOS" Y PEDRO B. RIVAS BACHOT, EN 1977, EN LA NORIA QUE SE PUSO EN LA ISLETA DEL TARAJAL.
LA "NORIA DEL BREVO" QUE ESTUVO EN LA CASETA MUNICIPAL DURANTE LA FERIA DE 1977 Y QUE, TRAS TERMINAR ÉSTA, FUE INSTALADA EN LA ISLETA DEL TARAJAL.
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